sábado 4 de octubre de 2008

MENSAJE A LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA

MENSAJE A LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA

Profesores de la Universidad Nacional vinculados por el oficio común de mantener viva una razón dialógica como fuerza propia de la institución, manifestamos nuestra esperanza de que este principio oriente a la comunidad universitaria en todas las circunstancias de su devenir.
Expresamos nuestra preocupación, porque una larga experiencia nos avisa que algunas coincidencias no son casuales. La Federación Nacional de Educadores está en todo su derecho de proponer formas de protesta como las que se anuncian con el movimiento de solidaridad previsto para el día martes siete de octubre. Según el comunicado expedido por dicha entidad, entre las razones figura como demanda central la negociación de las condiciones de prestación de salud al magisterio. Demanda específica que no tendría por qué involucrar a actores distintos al gremio. Sin embargo, la actividad de FECODE se celebra justo en la víspera de una efemérides que para algunos evoca el poder de las armas para producir transformaciones radicales: la muerte de Ernesto Guevara. Quienes así piensan están en su derecho de celebrar con ideas y con gestos simbólicos sus creencias o controvertir con argumentos ante quienes son escépticos o aún contrarios a tales caminos: ello forma parte de la dialéctica de cualquier universidad en la cual cada quien eleva su poder de argumentación.
Mucho tememos, sin embargo, por tristes y obstinadas lecciones del pasado, que la coincidencia de fechas, pese a la diferencia de motivos, sea pretexto para ensayar formas de protesta dirigidas a acallar la argumentación, antes que a ilustrar a la comunidad universitaria. Nos preocupa que algunos actores quieran poner en escena una apuesta al todo o nada mediante el espíritu militante y antagónico, apuesta por la cual se pretende que las instituciones sean consumidas por el fuego para que resurja de sus cenizas como ave fénix la panacea que nos ofrece ríos de leche y miel.
El oficio de la Universidad es pensar. La academia no puede nada, absolutamente nada, frente a cualquier fuerza física, sea cual sea su signo. Pero el pensamiento es sagrado y está hecho para perseverar en ser. Y esenciales al pensamiento como el agua o el aire para la vida son la controversia argumentada, la libertad de expresión, el reconocimiento de las diferencias, el respeto por la palabra y el espacio de los otros.
Lejos de nosotros el conformismo con el estado del mundo, de la nación, de la ciudad y de la misma Universidad: pero ésta es la casa y la causa común para que nuestro pensar, con todos los matices y diferencias, pueda llegar a ser una fuerza decisiva en la ruta de transformaciones bien necesarias de nuestro Estado, de nuestra Nación y aun del mundo.
Apelamos entonces a la sensatez, para que en el pasaje de la semana del 6 al 10 de octubre la Universidad permanezca abierta, activa y sin bloqueos de modo que podamos desarrollar de modo satisfactorio nuestras actividades académicas del semestre, fortaleciendo el principio de controversia, argumentación, diferencia y pluralidad, donde reposa nuestra razón de ser.
Ciudad Universitaria, octubre 2 2008
Gabriel Misas A.
Humberto Vergara Portela
Gabriel Restrepo
Fabián Sanabria
Gustavo Zalamea
Luisa Piedahita
Olga Restrepo
Fernando Zalamea
Yuri Jack Gómez

sábado 31 de mayo de 2008

lunes 19 de mayo de 2008

sábado 17 de mayo de 2008

NO MÁS BLOQUEOS EN LA UNIVERSIDAD NACIONAL


NO MÁS BLOQUEOS EN LA UNIVERSIDAD NACIONAL

La recurrente anormalidad académica, impuesta por grupos violentos que no representan el sentir de la comunidad universitaria, viene desangrando la universidad semestre tras semestre. Los hechos ocurridos desde hace seis semanas: bloqueos de edificios, amenazas a profesores y estudiantes, saboteo de clases, daños de las instalaciones, como medio para imponer criterios sobre el ya aprobado Estatuto Estudiantil, nos avergüenzan ante el mundo académico y pensante, pues violan el derecho legítimo de todos y todas a estudiar, además que generan un ambiente de apatía y zozobra en toda la universidad. Los miembros de la comunidad académica que suscribimos este documento queremos llamar la atención sobre estos medios, para repudiarlos y condenarlos. No es cierto que los estudiantes sean los responsables de los bloqueos, son solo algunos grupos minoritarios, que para hacer pasar sus acciones, claramente antidemocráticas e ilegales como legítimas, se autoproclaman representantes del estudiantado. Es lamentable que en la universidad nos hayamos acostumbrado a estas acciones, nos hemos anestesiado ante lo injustificable, lo intolerable y lo insoportable. Es cierto que los bloques han hecho parte de la tradición de esta universidad, pero no por eso debemos entenderlos o justificarlos, es una tradición nefasta que debemos condenar.

¿Por qué los bloqueos deben volverse el tema central de discusión?

Porque los medios son anteriores a los fines. Porque para participar de las discusiones realmente importantes como la del Estatuto Estudiantil, es necesario definir de antemano los mecanismos de esa participación. Porque los fines no justifican los medios. Porque unos medios violentos e ilegales corrompen los fines. Porque es necesario crear nuevos mecanismos de participación y porque estamos cansados de soportar esto cada semestre.

Estamos en un país y en una universidad muy dinámicos. El año pasado fue por el pasivo pensional, hoy es el estatuto estudiantil, y mañana seguramente otro tema ocupará nuestra atención. No podemos responder a cada problemática con paros y bloqueos, no podemos estar al vaivén de las coyunturas. Debemos ser capaces de afrontar cada problemática, sea de nivel nacional o del nivel universitario, con una agenda propia, autónoma, institucional y con unos mecanismos legítimos que no riñan con el normal funcionamiento de la universidad.

¿Por qué estamos en contra de los bloqueos?

Porque no tienen ninguna justificación en una comunidad académica, ni mover a los indiferentes, ni presionar a las directivas, ni propiciar discusiones. Nada de eso nos convence. Los estudiantes son personas autónomas e inteligentes y no necesitan que nadie los obligue a participar. Creer lo contrario es considerar a los estudiantes incapaces de tomar sus propias decisiones, necesitados de acompañamiento y guía para pensar y opinar. Los bloqueos, como mecanismo violento, no pueden servir para movilizar ideas. Más que una presión a las directivas, los bloqueos son un vil chantaje de algunos grupos minoritarios que erigen su visión propia de la universidad como si fuera la visión compartida por todos. Tampoco es cierto que los bloqueos propicien espacios de discusión, todo lo contrario, los limitan. La imposición de un escenario de discusión aniquila la posibilidad de cualquier discusión racional al hacer que el interlocutor, que no está de acuerdo con el escenario impuesto, se retire. Toda discusión racional exige que todas las decisiones sean concertadas en función de la fuerza de los argumentos y nunca por mandato del argumento de la fuerza.

Porque los bloqueos propician saqueos, amenazas, señalamientos y polarización al interior de la comunidad, situaciones que por si mismas van en detrimento de la comunidad académica y de la conservación del patrimonio de la Universidad. Y porque el derecho a la protesta es legítimo, pero no debe atropellar el derecho a la educación y al trabajo del resto de la comunidad.

¿Qué posición tomamos frente al Estatuto Estudiantil?

Creemos que es un documento a discutir en sus puntos más problemáticos. Pero esa discusión debe darse en los espacios adecuados y legítimos, sin sesgos políticos y sin perseguir otro fin diferente al esclarecimiento del estatuto mismo. Una discusión a la cual debemos aproximarnos de forma crítica, pero dispuestos a ceder en los puntos en que nuestra argumentación sea más débil que la del contrario. No podemos pretender sentarnos a discutir algo con la convicción de ser los únicos dueños de la verdad.

¿Qué proponemos?

En primer lugar creemos que ha llegado el momento de condenar definitivamente, sin consentimientos de ningún tipo, las acciones violentas, anticonstitucionales, antidemocráticas, que atropellan nuestros derechos al estudio y al trabajo. Los bloqueos no pueden seguir siendo un mecanismo aceptado por ningún miembro de la comunidad universitaria como forma de manifestarse.

Las discusiones a que haya lugar sobre el recién aprobado estatuto estudiantil deben darse en los lugares legítimos, los departamentos y las facultades, con todo el rigor académico y científico y donde lo que prime sea la fuerza de los argumentos y no el argumento de la fuerza.

Respaldamos los siguientes documentos:

· Comunicado del claustro de profesores de sociología reunido el 16 de Mayo.

· Documento “Academia y Política” de algunos profesores del departamento de filosofía.

Comunidad Universidad Nacional de Colombia





viernes 16 de mayo de 2008

LA UNIVERSIDAD NACIONAL POR MAURICIO GARCÍA V.

Articulo del profesor e investigador de la Universidad Nacional Mauricio García V, publicado en el periódico EL ESPECTADOR el 23 de mayo con motivo de la situación que enfrenta la Universidad en estos momentos.

La Universidad Nacional

Por: Mauricio García V.

Oponerse a un gobierno no es lo mismo que sublevarse contra un tirano. Lo primero se llama disenso, lo segundo se llama rebelión. Ambas actitudes se oponen al poder político, pero mientras la primera lo hace en defensa de las instituciones, la segunda lo hace contra ellas, para reemplazarlas. Pero en Colombia la frontera entre ambas actitudes suele ser muy difusa. Una muestra de esto es lo que sucede actualmente en la Universidad Nacional.

La reciente parálisis de la Nacional se originó en una propuesta de reforma del Estatuto Estudiantil, vigente desde 1977. Ese estatuto habla de asuntos disciplinarios, de la duración de las carreras, de los derechos y deberes de los estudiantes, etc. En cualquier universidad del mundo una reforma de estas habría pasado inadvertida. Pero en la Nacional dio lugar a un movimiento estudiantil que bloqueó los edificios, dañó la infraestructura y congeló la actividad universitaria durante casi dos meses. Los líderes del bloqueo justifican sus acciones con el argumento de que sólo así era posible movilizar a una mayoría de estudiantes apáticos y sin conciencia política.

La actitud de los estudiantes que bloquean los edificios se parece mucho a la de quienes se rebelan contra un tirano. Como piensan que las directivas son autoritarias —y neoliberales— justifican el uso de la violencia, como lo justifica un pueblo sublevado contra un déspota. Por eso no aceptan los canales institucionales de participación y se inventan unos paralelos.

Si las autoridades de la Universidad fueran despóticas, yo sería el primero en justificar el bloqueo. Pero no creo que ese sea el caso. Hay, claro, discrepancias sobre la bondad de la reforma, es decir, hay disensos. Tampoco niego que los disensos puedan justificar paros o protestas callejeras. A lo que me opongo es al bloqueo sistemático, intransigente y prolongado, como mecanismo para resolver disensos que involucran muchas posiciones.

Para superar esos disensos hay que discutir y si la discusión no conduce a ninguna parte, hay que votar. Cuando los problemas no pueden ser planteados en blanco y negro, cuando los matices son importantes, cuando no estamos en un entorno de amigos contra enemigos —es decir de rebelión popular—, el único mecanismo adecuado para resolver las diferencias es el voto. Los movimientos estudiantiles —sin duda saludables en la vida académica— deberían estar fundados en la voluntad de las mayorías. Es mucho mejor justificar una idea en el hecho de que la mayoría la apoya, que en la afirmación de que el grupo que la apoya tiene la verdad. Por eso creo que en el movimiento estudiantil debería haber menos asambleas y más urnas.

Creo, además, que quienes bloquean e impiden que las reformas salgan adelante no tienen en cuenta la estrategia de los enemigos de la universidad pública. Ella consiste en esperar pacientemente hasta que la degradación de las instituciones estatales —el Seguro Social es sólo un ejemplo— llegue a tal punto que sus argumentos se conviertan en una alternativa aceptable y, entonces, cuando llegue ese momento, dar el zarpazo de la privatización.

Por eso, paradójicamente, los amigos de los bloqueos en las universidades públicas son, a la larga, perfectamente funcionales a los propósitos solapados de los enemigos de la educación pública, ellos sí dispuestos a convertirse en verdaderos tiranos.

* Profesor de la Universidad Nacional e investigador de De justicia.

Conclusiones Profesor Juan José Botero luego de intercambio con estudiantes



El 19 de mayo de 2008 el profesor del Departamento de Filosofía Juan José Botero tuvo un intercambio con algunos estudiantes que protestaban contra el estatuto y estas son sus conclusiones personales.

1. Es claro, como muchos ya lo sabían, que el grupo de estudiantes con el que estuve discutiendo (ellos dicen “debatiendo”), aunque identificado con unos asuntos, como la oposición al Estatuto, la validez de la “Triestamentaria” y el recurso a los “bloqueos”, no es totalmente homogéneo en cuanto a su disponibilidad y su capacidad para entablar discusiones racionales. Tampoco en cuanto a las opciones que han asumido con respecto a las políticas universitarias. Me parece importante subrayar este hecho que, aunque conocido, a veces no se tiene suficientemente en cuenta a la hora de identificar el conflicto como una confrontación entre dos “bandos” homogéneos. Este, por ejemplo, es uno de los puntos del documento “Academia y Política”, que finalmente suscribí, sobre el cual mantengo reservas.

2. Una consecuencia de esa falta de homogeneidad es que en muchos momentos de la discusión uno pierde de vista el tema de que se trata. Cuando uno intenta avanzar algún argumento, razón, o simplemente una observación, las reacciones van desde una andanada de frases pre-fabricadas a propósito del capitalismo, el imperialismo y una muy particular visión de la “democracia”, hasta comentarios muy puntuales acerca de las dificultades que se tienen en el Departamento Tal o la Facultad Equis para conseguir interlocución con “las directivas”. Esto, ciertamente, hace difícil la conversación, pero en ningún caso la hace imposible. Creo que algunos comentarios de colegas que parten del supuesto de que es una total pérdida de tiempo intentar dialogar en casos como el de ayer son un poco apresurados, por decir lo menos.

3. Muchos estudiantes con quienes conversé ayer creen sinceramente que los profesores y estudiantes que finalmente salieron a repudiar públicamente y en carne y hueso los “bloqueos” se concentran en un asunto que para ellos es secundario, como lo es el de los “medios” utilizados para “hacer presión”, y de ese modo pasan por alto, menosprecian o simplemente se niegan a considerar lo “realmente importante”, o “de fondo”, que es lo que a ellos los moviliza. Las maneras de caracterizar esto “realmente importante” varían, por supuesto, según lo expuesto en el punto 2. Lo que hay que resaltar es que hay una preocupación (que yo considero genuina: al fin y al cabo soy un ex-estudiante de la U.N.) por algo que yo quiero presentar como una pérdida sustancial de vitalidad y dinamismo de las discusiones acerca de temas políticos “de fondo” que históricamente han caracterizado la vida académica de la Universidad Nacional. Aunque caricaturesca, la imagen de unos profesores y estudiantes consagrados exclusivamente a la formalidad de las clases y de espaldas a “la realidad nacional” (el estereotipo pedestre de los “filósofos en su torre de marfil”, claro, salta inmediatamente) genera un repudio que en parte explica la virulencia de ciertas manifestaciones y que a ellos les justifica el acudir a “medidas extremas” con el fin de “despertar las conciencias”. Nada de esto, por supuesto, es nuevo, ni mucho menos. Pero quizás por eso mismo, por constituir una especie de lugar común para tantos profesores que nos formamos en la U.N. (como estudiantes o como docentes), no lo vemos, o no le damos importancia. Yo traté de explicarles a mis interlocutores de ayer que quizás había una percepción errada sobre este asunto, y que tal vez hay nuevas maneras de estar involucrados y comprometidos con “el país” que no coinciden con las de hace más de treinta años. Pero yo mismo no estoy muy convencido de ello. En todo caso, lo que me interesa subrayar es que hay esa percepción y que no podemos ignorarla si queremos entender mejor lo que sucede entre amplios sectores del estudiantado, estén o no intoxicados, colonizados, o simplemente interesados por asuntos de política que a muchos nos pueden parecer anacrónicos o darnos la impresión de “déjà vu”. A este respecto, nuevamente tengo que señalar mis reservas acerca del documento “Academia y Política”, que ya suscribí, pues a veces da la impresión de querer establecer una separación demasiado tajante entre “academia” y “política” que va en contra de cierta manera histórica de ser estudiante de la Universidad Nacional, y que, para bien o para mal, hace parte de la cultura y el “ethos” de esta institución.

4. Eso en cuanto a lo general. En cuanto a lo más particular, la situación actual, se me aseguró que en las discusiones del domingo en el León se había acordado (ellos piensan que realmente representan a todo el estudiantado) levantar los bloqueos (algunos aseguraron que solamente por dos días) para no perder el semestre, aunque en última instancia, si ese era el precio que había que pagar por una causa más importante, lo pagarían. Una señora que vende dulces a la entrada (una “representante del pueblo”) les reprochó con mucha vehemencia las pérdidas de ingresos que por su culpa ella y otros colegas estaban teniendo, haciéndoles ver que en realidad “el precio” al que ellos se referían lo iban a pagar otros. En todo caso, me pareció claro que después de cinco semanas de “lucha” era muy difícil esperar simplemente el levantamiento de la agitación y el retorno tranquilo a clases.

Se hizo la propuesta que voy a esbozar en forma resumida, y que me gustaría compartir, pues aunque surgió cuando ya el grupo era menos numeroso, al menos mereció una discusión.

Aceptar que el Estatuto, en su parte ya promulgada, no se deroga, pero también que aún puede estar en discusión. Esto significa concretamente lo siguiente:

a) El CSU, o quien tenga la autoridad, declara “en período de prueba” la aplicación del Estatuto, por dos años.

b) Se nombra, elige, conforma, o lo que sea, una Comisión de Seguimiento, conformada por unos estudiantes, unos profesores, y la vicerrectoría académica. Esta Comisión se reúne al menos dos veces por semestre, la primera dos o tres semanas después de iniciadas las clases, la segunda después de la entrega de notas, para evaluar lo que haya sucedido con la aplicación. En caso de que se detecten casos de perjuicios injustos que se deriven de dicha aplicación, en ningún caso se considerarán resultados definitivos, y se entrará a buscarles una solución justa. Esto será un insumo para la corrección del texto en el sentido que la comisión sugiera.

c) La Comisión tendrá que operar con plena autonomía, en el sentido de que se dotará de las herramientas para trabajar, tales como diseño de indicadores, configuración de muestras, criterios de evaluación, etc. No creo que sus conclusiones tengan que ser de obligatoria aplicación, pero sí tendrán que ser públicas.

d) Después de esos dos años, el Estatuto, reformado según este seguimiento, entrará en vigencia plena.

La propuesta puede tener por lo menos un punto débil: la conformación de la Comisión. Pero el tiempo no nos alcanzó para más.

Juan J. Botero

Mayo 20 de 2008


LLAMADO DESDE EL DEPARTAMENTO DE HISTORIA

LLAMADO DESDE EL DEPARTAMENTO DE HISTORIA

Un estudiante de Historia hace un llamado a sus compañeros y profesores a defender la universidad y a rechazar la violencia como forma de expresión.

Saludos compañeros de carrera y respetados profesores. Esta es una de las coyunturas más difíciles que nos ha tocado afrontar, las temáticas como el estatuto estudiantil y de convivencia sin lugar a dudas merecen nuestra atención y discusión, pero no debemos olvidar que nuestro ámbito no solo se limita a la universidad sino también a la nación, donde todos nosotros como parte de ella estamos en la obligación de ayudar a la construcción de una justa y equilibrada sociedad.

La crisis actual, en gran medida responsabilidad de las autoridades que no han sabido establecer un dialogo franco con el resto de integrantes de la universidad y permanece en una asfixiante ambigüedad. Sin embargo, merece la pena contemplar nuestra incapacidad como estudiantes para organizarnos de forma efectiva y romper el circulo vicioso de esa supuesta "representación estudiantil" que nos conduce año tras año a las más obsoletas y necias propuestas, que solo reflejan su incapacidad para asumir con gallardía la crisis que nos toca vivir.

Ante la arremetida de estos grupos que viéndose acorralados en un sin sentido, pretenden embarcarnos en una cancelación de semestre, que antes de resolver, empeorara nuestra condición estudiantil y donde aquellos personajes que se jactan de ser los representantes de una mayoría a la que nunca han escuchado y que ahora realizan un sabotaje a los que deseamos solucionar de una forma coherente esta situación y salvar el abrupto semestre que estamos transitando.

Como estudiantes deberemos rechazar estos intentos, además de las expresiones ofensivas en las puertas de algunos profesores que solo reflejan la cobardía de ese grupúsculo que solo conoce el sabotaje ruin como voz de protesta.

El llamado es a todos los estudiantes, de todos los semestres a que nos unamos y defendamos nuestro derecho de autodeterminación como departamento de historia y que rechacemos ese gran monstruo en que se ha convertido la "triestamentaria" e incluso sus voceros que invaden la facultad con sus actos arbitrarios impositivos.

DEFENDAMOS NUESTRAS VOCES Y EXIJAMOS EL RESPETO DE NUESTRA UNIVERSIDAD, LEVANTEMOS LAS ARMAS DE LAS IDEAS COMO PROTESTA.

la asamblea no representa a los estudiantes de la UNAL

Manifiesto Anti Asamblea Universidad Nacional de Colombia

Desde la sede Medellín

A propósito de la coyuntura actual, presentamos el siguiente texto, escrito por un estudiante de la sede Medellín, que circula por la red. Las posiciones que ha mantenido la asamblea han suscitado diversas reacciones al interior de la comunidad universitaria; en el siguiente manifiesto queda expresada una de ellas.

Medellín, 17 de Mayo de 2008.


A propósito de la coyuntura actual, presentamos el siguiente texto, que circula por la red. Las posiciones que ha mantenido la asamblea han sucitado diversas reacciones al interior de la comunidad universitaria; en el siguiente manifiesto queda expresada una de ellas, con la que yo estoy de acuerdo.

Dado que las votaciones de la asamblea no se basan en ningún umbral, es decir, no tienen un número mínimo de estudiantes para que sean válidas, y que además las fechas de las votaciones no son programadas y ampliamente difundidas entre la comunidad universitaria, las decisiones tomadas en estas votaciones son ilegítimas y no representan la opinión de los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia.

Dado que la asamblea con sus propuestas e ideas no ha logrado convocar masivamente a los estudiantes para que sigan sus causas, la asamblea ha utilizado la violencia, el vandalismo y el bloqueo forzoso de edificios para expresar su opinión. Con lo anterior la asamblea viola el derecho a la libre expresión, a la libre movilización y a la educación y pone en peligro la vida de todos los miembros de la comunidad universitaria y por lo tanto la asamblea no representa a los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia.

Dado que en la asamblea se presentan temas ajenos a la problemática de la Universidad, es permeada por individuos de organizaciones ajenas a la Universidad y sostiene un discurso político parcializado de izquierda, intolerante, anacrónico y que no tiene relación con las coyunturas o temas de discusión de la Universidad, la asamblea no representa a los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia.

Dado que durante algunas actividades de la asamblea se dañan elementos físicos de la Universidad, se agrede verbal y físicamente a personas de la comunidad Universitaria y de fuera de ella, se bloquea el desarrollo y cumplimiento de compromisos de la Universidad en proyectos externos y se proyecta una imagen negativa de la Universidad hacia la opinión pública, la asamblea no representa a los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia.

Dado que la asamblea no presenta propuestas concretas y realistas a la solución de las problemáticas de la Universidad y no informa a la comunidad universitaria de manera adecuada de sus actividades, objetivos y logros (si es que ha habido alguno) , la asamblea no representa a los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia.

Dado que en la asamblea no se garantiza un espacio de participación que promueva la exposición de todos los puntos de vista o ideas, y que el chiflido acalla las voces de aquellos que exponen ideas contrarias al sentir de la asamblea, la asamblea no representa a los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia.

Dado que la asamblea reacciona tarde a los acontecimientos y no participa de los procesos cuando es pertinente sino cuando las decisiones ya están tomadas, reflejando su desorden y desinformación, se puede concluir que no es una organización bien estructurada y no planea con coherencia sus acciones, por lo tanto la asamblea no representa a los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia.

Dado que la asamblea utiliza la figura de la organización triestamentaria (estudiantes, profesores y trabajadores) con el fin de crear caos, detener la prestación de los servicios de la Universidad, y presionar a las directivas la negociación de beneficios sindicales que nada tienen que ver con el bienestar de los estudiantes, la asamblea no representa a los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia.

Dado que la asamblea nos miente y desinforma con temas como la reducción de los servicios de Unibienestar o la exposición de casos forzados e irrealistas en el tema del estatuto estudiantil o las verdaderas causas por las que la Universidad está en problemas con su pasivo pensional (la decisión de docentes y trabajadores de hace años de no acogerse al régimen de pensiones que usan la mayoría de los colombianos), la asamblea no representa a los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia.

Dado que la asamblea no se preocupa de problemas de fondo de nuestra educación como la baja calidad de la educación secundaria pública que cada vez restringe más el acceso a la educación superior a los usuarios de este sistema y que nunca ha propuesto soluciones de fondo como la conformación de un partido político integrado por los estudiantes y egresados de las universidades públicas para lograr representantes en el Congreso de la República que redacten y aprueben leyes que den solución a los problemas fundamentales, pues nunca ha podido lograr ese nivel de organización y cooperación, la asamblea no representa a los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia

Dado que en la asamblea y sus actividades no participa un número mayor al diez por ciento de los estudiantes de la Universidad, la asamblea no representa a los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia.

Este documento no pretende tomar postura sobre las actuales coyunturas de la Universidad, simplemente quiere mostrar que la asamblea es un movimiento minoritario al interior de la Universidad cuyas acciones traen consecuencias negativas para la mayoría de la comunidad Universitaria. Es momento para que estudiantes y profesores enfrenten y terminen este problema de raíz y de que las directivas tomen acciones eficaces que garanticen la libertad en el ejercicio académico además de espacios de participación y opinión efectivos. Las directivas no pueden ser apáticas y facilistas y simplemente cancelar semestres o cerrar la Universidad para evitar confrontar el problema real: la asamblea.

La asamblea no tiene poder de convocatoria, pero tampoco puede aceptar su fracaso y recurre a violencia y bloqueos para mantenerse activa. La asamblea no representa a los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia.

El funcionamiento de la Universidad es costoso para todos los colombianos. Y una Universidad cerrada es infinitamente más costosa, pues no produce nada. En nuestra sociedad, en nuestros días, un ente que no produce, es eliminado. Es más fácil para los enemigos de la Universidad cerrarla si de hecho, ya está cerrada.
Estudiantes y profesores es el momento de reaccionar y detener la asamblea.

Sobre el autor.
Dado que en las discusiones de la asamblea siempre se alude a lo personal y consideran que quien no está con ellos es alguien adinerado con toda su vida resuelta me parece pertinente explicar algunos detalles sobre mi. Uso el anonimato porque este tipo de opiniones en el pasado me han traído rechiflas y amenazas. Soy estudiante de noveno semestre, estrato 2, trabajo para financiar mis estudios y ayudar en mi casa. Mi promedio es 4, nunca he perdido una materia y llevo cuatro años y medio estudiando en la Universidad. He participado de manera directa en asambleas en el pasado: Elección de Marco Palacio como Rector, propuesta de reforma académica, PND y pasivo pensional y ahora Estatuto Estudiantil, por tanto considero que se de lo que hablo. He podido constatar en foros y en conversaciones que mi postura refleja la opinión de un gran número de estudiantes de las distintas sedes.

LA TRAGEDIA DE LOS COMUNES EN LA UN

LA TRAGEDIA DE LOS COMUNES EN LA UN

Por: Salomón Kalmanovitz

LA TRAGEDIA DE LOS RECURSOS COMUNES denomina la tendencia de los individuos a depredar los bienes públicos. El biólogo Garrett Hardin introdujo el concepto hace más de 40 años.

Se trata de una situación en la que se impone el principio de “perro come perro”, frente a bienes que nos pertenecen a todos y donde los que lo usufructúan terminan atrapados en un sistema en el que “ensucian nuestro propio nido”.

Hardin cita al filósofo Whitehead para definir la tragedia: “La esencia de la tragedia no es la tristeza. Reside en la solemnidad despiadada del desarrollo de las cosas”. Y creo que un excelente ejemplo de tragedia es lo que viene sucediendo en la Universidad Nacional, donde pequeños grupos imponen estrechos intereses, para definir a la fuerza el destino de la institución. Las mayorías de profesores y estudiantes son intimidados, algunos han sido golpeados, los bienes de la universidad han sido destruidos o maltratados para bloquear las clases y las paredes ensuciadas con consignas paranoicas.

No ha sido posible que los activistas produzcan argumentos para convencer a la comunidad de la justeza de sus posiciones. Un grupo de profesores que usufructuó la rectoría durante dos períodos, y pretendía imponer también en la UN la reelección perpetua, ha salido a cuestionar la legitimidad del gobierno universitario, incitando a que la protesta continúe por las vías de hecho. Eso significa permitir el abuso de las mayorías estudiantiles que son indiferentes frente al cambio y atropellar a los profesores que quieren cumplir con su deber. Aducen que el estatuto estudiantil es parte del plan neoliberal de privatizar la universidad, algo que más bien oculta sus intenciones: privatizar a su favor la institución. Así alejan la posibilidad de negociar las diferencias entre el gobierno de la universidad y los que objetan rabiosamente un nuevo estatuto estudiantil.

El estatuto es bastante generoso pero a la vez despliega cierto rigor para que los estudiantes terminen sus carreras en lapsos de tiempo prudenciales. Con ello se amplía la capacidad de la Universidad para recibir un mayor número de beneficiarios. Existe el caso extremo de un estudiante que lleva 27 años en la universidad y la mayor parte de los activistas se han profesionalizado como tales, por lo cual rehúsan desalojar el nido. En otros momentos de la historia de la UN, también los servicios de cafetería y de residencia eran capturados y abusados por grupos políticos y delincuenciales para alimentar y alojar sus huestes. Hubo que liquidarlos y eso costó el cierre de la institución durante un año.

La Universidad Nacional ha logrado congregar un buen número de científicos, ingenieros, administradores, artistas y planificadores de alta calidad, que educan a la crema de los estudiantes del país, combinación que ha resultado en que ocupe los primeros lugares en los exámenes de Estado (que fueran combatidos también como otro complot neoliberal). Sin embargo, con los recursos de que dispone, podría hacer mucho más, porque presenta sobreempleo administrativo, el profesorado gobierna de hecho la universidad y algunos abusan, y hay profesores colados por la política que no por el mérito.

Para que la vieja y buena nacho no sea destruida ni disminuida por estas minorías, los profesores y estudiantes deben defenderla. De no ser así, habrá una nueva tragedia de los recursos comunes que no tiene que ser inevitable ni despiadada.

Academia y Política.

Academia y Política.

Comentarios al documento “El conflicto por el estatuto estudiantil: análisis y propuestas":

          “…no creo que sea posible convencer a los opositores a través de razones impresas. Por ello no he empleado la pluma más que para irritarlos, para darles a los nuestros valor y fuerzas, y para informar al resto de que aún no han logrado convencernos" (Georg Lichtenberg)

Cuestión de legitimidad

En un tono que imita la objetividad y distancia que podría asumir un espectador imparcial, el documento “El conflicto por el estatuto estudiantil: análisis y propuestas" (ver abajo) nos invita a ver las razones detrás de la recurrente anormalidad académica de la Universidad en los últimos años y con ello a concederle algún tipo de legitimidad. No se trata, dice el documento de “un simple rechazo al cambio por parte de unos pocos intransigentes… [sino]… nuevamente, como ha ocurrido desde finales de los años ochenta, de una confrontación entre proyectos de universidad y de sociedad, en relaciones de poder concretas”. El documento deja implícitas las relaciones de poder aludidas, pero explicitémoslas aquí sin rodeos: por un lado está la “triestamentaria” que paraliza la Universidad, y por otro las legítimas administraciones de turno. En medio, un público silente de estudiantes y docentes que no quieren pronunciarse. A este público silente apelan estas reflexiones, invitándolos a tomar posición.

En las relaciones de poder hay una cuestión de legitimidad. ¿Tienen las decisiones de la “triestamentaria” la legitimidad de un respaldo mayoritario? Es improbable que sean respaldadas por una mayoría de docentes o estudiantes. Si no tienen la legitimidad de las mayorías, ¿tienen acaso la legitimidad de las razones? Abajo volvemos sobre este punto crucial, pero vale la pena recalcar que cuando sus decisiones, sin apoyo mayoritario, se apoyan en el empleo de fuerza ilegítima e inconstitucional y violan derechos, estamos desde un punto de vista psicológico y político, ante una actitud que es difícil no calificar de arrogante. Presionados a responder por la legitimidad, ¿dejarían los autores del documento su tono imparcial y alegarían que las autoridades designadas por el CSU son legales, pero no “legítimas”? Probable; pero con el mismo argumento podríamos decir que un rector afecto a su proyecto fue legal pero no “legítimo”. No es serio respetar la legalidad si conviene, e irrespetarla si no.

Aquí lo que está sobre el tapete es: ¿Con qué derecho puede uno arrogarse la facultad de paralizar la marcha legítima de la institución simplemente porque no es su proyecto de Universidad el que se está realizando? ¿Qué privilegios autorizan a irrespetar las reglas de juego que se hicieron para todos? ¿No es eso manifestación de autoritarismo y arrogancia? Es triste que la Universidad se haya convertido en un espacio tolerante con esa bofetada a las virtudes ciudadanas. A los académicos sin compromisos con ningún partido, nos interesa que los rectores designados en el CSU sean colegas con una larga y honrosa trayectoria académica y tengan una concepción seria de universidad. Su legitimidad se apoya en esos factores y en su designación respetuosa con las reglas de juego. Si la concepción de Universidad de las autoridades legítimas difiere de la nuestra, eso no legitima el bloqueo de la institución.

Siendo ilegítima la fuerza bruta, veamos si al menos la concepción de universidad que presumiblemente la anima tiene alguna sustancia capaz de justificarla, o al menos de ayudarnos a comprenderla y excusarla. El documento es vago en este punto. Pero no podríamos invitar a colegas y estudiantes a respetar y hacer respetar las decisiones de política académica que se han tomado legítimamente, si no tratamos también, sinceramente, de entender las razones que pudieran subyacer a las medidas de fuerza.

¿Razones detrás de la fuerza?

Si alguna razón asiste a las medidas de fuerza, debe buscarse en el proyecto de Universidad que defienden. Recordemos que la tesis central de los colegas del doctorado en Salud Pública es que el conflicto obedece a la confrontación entre dos proyectos de Universidad. El documento ofrece dos descripciones de la confrontación. En la primera, la confrontación se da entre dos políticas de estado sobre la financiación de la Educación Superior. En la segunda, se alude a los objetivos académicos de las reformas como característica de uno de los proyectos, pero no se explica con claridad en qué consiste la confrontación con el proyecto opuesto. Incluso se afirma que no hay, necesariamente, confrontación. Como el documento no aclara el punto, nos veremos obligados a leer entre líneas y a inferir la confrontación que allí se sugiere.

Inicialmente, el documento ubica los dos proyectos en confrontación al nivel de las políticas de financiación de la Educación Superior del Estado colombiano. Un proyecto defiende que el Estado debe asumir la Educación Superior como un servicio totalmente financiado con dinero público. El otro proyecto opta por un modelo en donde la Educación Superior se apoye en buena parte en el sector privado.

La confrontación entre ambos proyectos se dio en la Asamblea Constituyente, donde “la correlación de fuerzas terminó en un texto constitucional bastante ambiguo.” Por el Art. 69 de la misma se puede afirmar que el modelo que se impuso fue el de proteger el pequeño sector público de Educación Superior e impedir su ulterior reducción, mientras el Estado se compromete a “facilitar – que no garantizar – ‘mecanismos financieros que hagan posible el acceso de todas las personas aptas a la educación superior’”. El documento señala adicionalmente que los gobiernos desde los 90s, “sin excepción, han querido avanzar en la disminución de los recursos asignados a las universidades públicas para pasar al crédito educativo público, como principal mecanismo de subsidio a la demanda.

Sabemos que cualquier intento de disminución de los presupuestos de las universidades públicas está destinado a estrellarse contra la Ley 30, que los protege en dinero constante. Pero la Ley 30 deja un margen para una confrontación entre dos proyectos entendidos como políticas de financiación de la Educación Superior: o el Estado asume la totalidad de la Educación Superior y la financia con dineros públicos; o se implementa “un sistema con amplia…participación de prestadores privados, regulados por el Estado y con financiamiento público focalizado en la demanda de los más pobres”. Lo segundo es lo que está sucediendo en el país. El documento se opone a esta política, pero hay una razón obvia que la respalda: en un país con inequidad social y escasos recursos públicos, no es justo ofrecer educación gratuita a los pudientes, que es lo que sucedería en el modelo de una Educación Superior totalmente financiada por el Estado. El dinero público debe focalizarse en los más pobres. Esto puede hacerse a través de un aumento al presupuesto de las Universidades públicas; o alternativamente, a través del subsidio a la demanda. Obviamente la primera alternativa es la que preferimos quienes trabajamos en la Universidad Pública, pero se trata de una decisión que cada gobierno tomará según los resultados que aquélla logre mostrar. Nosotros debiéramos concentrar esfuerzos en mostrarle al país buenos resultados; pero difícilmente podremos mostrarlos si persisten los bloqueos periódicos de la institución.

Si éstos tienen su justificación en la lucha por una Educación Superior totalmente financiada con dineros públicos, nos preguntamos si el propósito es razonable, y los medios adecuados. En primer lugar, nótese que no se trata simplemente de defender un aumento del presupuesto de las Universidades públicas, que sería muy deseable, sino de la conversión del actual sistema mixto a un sistema totalmente estatal. Este propósito es muy discutible para un país con marcada inequidad social. Y en segundo lugar, y más importante, el dominio propio en donde podría eventualmente realizarse el proyecto de una Educación Superior totalmente financiada por el Estado es, o una Asamblea Nacional Constituyente, o el Congreso de la República. Tratar de imponer la Educación Superior pública universal desde protestas violentas en la Universidad es condenarse a una acción política estéril. Con este tipo de acciones jamás se logrará ese fin; pero, en cambio, sí se logrará destruir la Universidad Pública y la Academia que ella ha logrado construir con esfuerzo.

El documento ofrece una segunda descripción de la confrontación entre proyectos de Universidad cuando intenta presentar las reformas de las dos últimas administraciones como parte de la política estatal de Educación Superior ampliamente apoyada en “prestadores privados, regulados por el Estado y con financiamiento público focalizado en la demanda de los más pobres”. Los violentos, y presumiblemente también los colegas que intentan descifrar sus motivaciones, se oponen a las reformas porque las ven como elementos intrínsecos a la política de Estado mencionada. Pero esa conexión es etérea y tenue, por decir lo menos. Pues las reformas en la Universidad tienen que ver con políticas que regulan la vida académica en su interior, y son compatibles con cualquier política de Estado sobre la financiación de la Educación Superior. Veamos entonces cómo se presenta la presunta conexión. Primero, se formulan los dos proyectos de un modo diferente, sin mencionar las políticas de Estado sobre la financiación:

“…una universidad internacionalizada, líder en investigación y desarrollo tecnológico de punta, capaz de captar los mejores talentos, preocupada por la eficiencia, la productividad y el rendimiento académico; o una universidad, que articulara la docencia, la investigación y la extensión alrededor de los principales problemas nacionales, capaz de captar a la población con menores posibilidades y por tanto preocupada por la equidad y el desarrollo progresivo de lo público, líder del sistema de universidades estatales, en la perspectiva de una participación autónoma y soberana en los procesos de globalización y de producción de conocimiento.”

Uno se pregunta qué contradicción hay entre las alternativas así descritas; y el documento parece tener claro que no tiene por qué haberla. Así por ejemplo dice:

No es difícil aceptar que una sociedad con mayor acceso a la educación y con mayor capacidad de participación en la producción de conocimiento y desarrollo tecnológico no sólo logra insertarse mejor en la actual “sociedad del conocimiento”, sino también y sobre todo, logra ser más democrática, más justa y más solidaria. Las diferencias aparecen cuando se profundiza en el cómo lograrlo.

Y luego:

No se trata de una oposición entre docencia o investigación, pues todos los universitarios estamos convencidos de la importancia de la investigación en la academia. Las diferencias aparecen cuando se profundiza en el sentido y las prioridades de esa investigación y el acceso a ella

En ambas citas se reconoce que el proyecto de una universidad centrada en la investigación y producción de conocimiento es compatible con valores como la equidad y solidaridad. También es compatible con una universidad articulada “alrededor de los principales problemas nacionales, capaz de captar a la población con menores posibilidades y por tanto preocupada por la equidad y el desarrollo progresivo de lo público”. Sin embargo, el documento necesita una oposición entre los proyectos y por eso afirma al final de ambas citas que “las diferencias aparecen cuando se profundiza”, pero nunca aclara cuáles son esas diferencias. Un asunto tan grave como el de la recurrente interrupción de actividades, impuesta a la fuerza, merece claridad sobre ese punto. ¿Cómo va a entender la comunidad universitaria cuál es exactamente el reclamo de los opositores si los documentos intelectuales del “movimiento” son vagos y eluden hacer claridad en los puntos cruciales?

Lo que más se acerca a la claridad que esperamos de un documento que “pretende aportar elementos para la comprensión de las recurrentes tensiones entre proyectos de universidad…y contribuir a la construcción de salidas viables”, es el texto que sigue:

“Si bien la opción por una universidad internacionalizada, eficiente y productiva, es deseable y no necesariamente comparte la política de educación superior del actual gobierno, como lo reiteró el rector Marco Palacios en su momento, la lógica de adaptación por la vía elitista de una universidad centrada en los posgrados y en la investigación, que se preocupa menos por la equidad y encuentra su propio nicho competitivo, resulta más funcional a dicha política que la opción por el fortalecimiento de la financiación pública estable y progresiva, y la universalización de la educación superior pública.”

Leemos y releemos; y lo único que encontramos es esto: si docentes y estudiantes nos dedicamos a lo propio de nuestra condición, es decir, investigar y producir conocimiento nuevo, y naturalmente enseñarlo en todos los niveles, pero especialmente en los niveles superiores de postgrado que es preciso impulsar y fortalecer para acrecentar y renovar nuestro potencial investigativo; entonces, dice el documento, estamos necesariamente descuidando valores como la equidad y somos funcionales a una política de Estado que no se plantea como meta la Educación Superior totalmente pública. Nos parece obvio que esta afirmación, así puesta, es cuando menos incompleta y necesita aclaración. Como el texto no la ofrece, estamos obligados a leer entre líneas para extraer un sentido completo.

¿Qué es lo que aquí se está afirmando? Pongamos por caso que el próximo gobierno nacional decidiera que la Educación Superior en Colombia será, en adelante, totalmente financiada por el Estado, ¿acaso el fortalecimiento de la investigación y los postgrados y la preocupación por el rendimiento académico obstaculizará esa política pública? Es indudable que no. ¿Será entonces que el documento afirma que mientras no sea una realidad el proyecto de una Educación Superior totalmente financiada por el estado, todos en la Universidad debemos dedicar nuestro tiempo y empeño a hacerlo realidad? ¿Afirma el documento que al dedicar nuestro tiempo a la Academia estamos siendo funcionales al gobierno porque no contribuimos tiempo de “activistas” a hacer realidad ese proyecto? ¿Será por eso que al documento parece preocuparle que el nuevo Estatuto Estudiantil “obligaría a los estudiantes activistas a concentrarse en estudiar”? Lo que el documento quiere entonces, ¿es defender un proyecto de Universidad activista, al servicio de una causa política particular, que además es de dudosa razonabilidad?

Si es esto lo que quieren, que lo digan con claridad. No creemos que haya un argumento capaz de convencer a nadie que tenga un espíritu académico y vocación de producir conocimiento, que la Universidad deba convertirse en actor político, con el propósito de alcanzar, en consonancia con alguna agrupación política, metas cuya conveniencia es, además, dudosa. La Universidad es un laboratorio donde se pueden idear muchas causas políticas; e incluso causas políticas incompatibles unas con otras, pues estamos en una Universidad pública, donde precisamente deben poder coexistir las ideas más diversas. Pero idear metas para la sociedad es una cosa y actuar como brazo de una agrupación política para ayudar a realizarlas es otra distinta. Diferentes agrupaciones políticas simpatizarán con diferentes ideas que se gesten en la Universidad. Precisamente por esa razón, la Universidad, como institución pública, no puede ponerse al servicio de ninguna de ellas. Sin duda que puede colaborar con las administraciones nacionales o locales a realizar alguna meta social ideada en la Universidad. Pero eso no es lo mismo que colaborar con una agrupación política en la realización de metas políticas. Existe sin duda una larga tradición según la cual las universidades públicas son manipuladas por esas agrupaciones. Pero es una tradición nefasta que ningún académico debería apoyar. En una universidad activista, la institución de todos termina poniéndose al servicio de los designios políticos de unos pocos que se imponen con violencia, dándole un golpe mortal nada menos que a la autonomía universitaria.

Los bloqueos y la “triestamentaria”

Para concluir, protestamos ante la actitud expresa en el documento de endosar a los estudiantes la responsabilidad total por los bloqueos. Es una actitud injusta, y quizás indigna en algún caso, porque el proyecto de universidad que los motiva no es de autoría de los estudiantes: a fines de los ochenta, cuando comienza la confrontación entre los proyectos de Universidad según el documento, algunos de ellos no habían nacido o gateaban en pañales. En la Universidad se sabe que la anormalidad con medidas de fuerza no es sólo una iniciativa estudiantil, sino de la “triestamentaria”. La razón de ese endoso es clara: se trata de acciones ilegales e inconstitucionales. Pero al ponerlas en autoría de estudiantes se las pinta como travesuras con las que hay que tener indulgencia: los estudiantes, afirma el documento, se justifican diciendo “que las protestas…acuden a medios de fuerza como consecuencia de una falta de comunicación para la resolución de conflictos y…no pretenden agredir sino mover a los “indiferentes”. Hay que hacer un esfuerzo por superar una actitud común pero dañina, con la que se pretende hacer pasar por tolerable lo que no lo es. Los estudiantes tienen edad suficiente para entender que defender sus ideas con violencia no es un ejercicio noble; y mucho menos es la Universidad el espacio apropiado. No debemos dejar sombra de duda sobre la naturaleza de estas acciones y de otros abusos contra el patrimonio de todos los colombianos (al terminar de redactar estas líneas, nos informan de agresiones, vandalismo y hurtos en edificios de Ciencias Humanas); ni debemos caer en un terreno resbaloso, en donde nuestras palabras podrían confundirse con una lastimosa apología del irrespeto a las reglas de juego y al estado de derecho.

Profesores(as) de Filosofía: Alejandro Rosas, Porfirio Ruiz, William Duica, Lisímaco Parra, Raúl Meléndez, Luis Eduardo Hoyos, Ángela Uribe, Germán Meléndez, Juan José Botero

Comunicado de Profesores y Profesoras de Sociología



Comunicado de Profesores y Profesoras de Sociología

Facultad de Ciencias Humanas

Universidad Nacional de Colombia

Las profesoras y profesores del departamento de sociología reunidos en claustro el viernes 16 de mayo, acordamos informar a la comunidad académica lo siguiente:

  1. Convocamos a todos/as los/as estudiantes y profesores de la carrera a concluir el semestre académico en condiciones de normalidad y garantías para cumplir con calidad los programas propuestos. En este sentido, solicitamos a las directivas de Universidad que fijen un calendario académico en donde se establezcan las fechas para la finalización de las actividades académicas, manifestándose como una decisión institucional.
  2. Invitamos a los/as estudiantes a conocer de primera mano el nuevo estatuto estudiantil ya aprobado y las demás reformas propuestas, con el fin de que participen de manera informada y argumentada en los debates a que haya lugar, a partir de criterios propios, y respetando las posturas contrarias. Estamos dispuestos a conversar respecto a los asuntos que inquietan a los/las estudiantes respecto al estatuto estudiantil, pero dentro del respeto a los derechos al estudio y al trabajo. La exigencia de los derechos propios (por ejemplo a protestar), no puede atentar contra los derechos de otros (a trabajar o estudiar). El derecho al trabajo y al estudio es de todos. Además para los profesores el trabajo es una obligación contractual y para los estudiantes lo es el estudio.
  3. Rechazamos enfáticamente medidas de hecho violentas y antidemocráticas, tales como los bloqueos de los edificios, las amenazas y amedrentamientos a profesores y estudiantes, y el saboteo a las clases y las labores administrativas. Estas acciones, lejos de propiciar el diálogo y el debate, lo único que logran es dispersarnos, sembrar el miedo y deteriorar las relaciones entre los miembros de la comunidad académica.
  4. Reiteramos la solicitud a las autoridades académicas y administrativas de la universidad para que se nos garanticen condiciones para ejercer nuestras labores, y que se tomen los correctivos que sean necesarios para hacer respetar nuestro derecho al trabajo y al estudio.
  5. Los profesores y profesoras nos manifestamos a favor de la construcción y consolidación de una organización profesoral que establezca posiciones y decisiones basadas en la consulta a los docentes sobre los temas que interesan a la Universidad.
  6. Solicitamos que se nos conceda una audiencia con el Rector y el Vicerrector de Sede, para que sea escuchada y tenida en cuenta nuestra posición de docentes, como actores de la comunidad universitaria.

Claustro de profesores de sociología. 16 de Mayo de 2008.

miércoles 14 de mayo de 2008

CARTA A JOHANNA

CARTA A JOHANNA

Myriam Jimeno

Profesora Titular Universidad Nacional de Colombia

Durante las semanas pasadas he discutido en mis clases la situación de irregularidad en la Universidad Nacional. Como estudiante, Johanna ha incitado a este debate con su interés, e incluso por su simpatía activa hacia el movimiento de los estudiantes. Una vez que ella retornó a las clases que los otros nunca abandonaron, hemos dedicado parte del tiempo a examinar distintos argumentos sobre cómo enfrentar los sucesos que a muchos nos agobian. Nos agobian, pues los sentimos como pesos muertos que amenazan con aplastar la cotidianidad académica que nos empeñamos en mantener entre numerosos profesores y estudiantes, convencidos de que esa es la razón de ser de la universidad. Pero como Johanna lo ha dicho, tal vez otros estudiantes - y quizás algunos profesores - quieran compartir algunas de estas ideas.

Hemos debatido que es necesario tender puentes entre los críticos del estatuto estudiantil y la dirección universitaria como una forma democrática de tramitar el disenso y la discrepancia. Es preciso, una vez más, abrir una discusión organizada y sistemática en la que se expongan evidencias y argumentos hasta llegar a determinados acuerdos. Mientras más se empeñen los estudiantes críticos en “bloquear” el acceso a las aulas con pupitres, con cadenas o a voces, mientras más enfrenten a profesores o a otros estudiantes, es decir, mientras más acciones de fuerza, más reacciones contrarias van a recibir. Más bloqueo habrá también ante sus propuestas, pues las acciones de fuerza, como es bien sabido, incitan a respuestas semejantes que se retroalimentan entre sí, y espantan las prácticas del debate y la argumentación.

Así, hemos visto crecer, y regarse como hierba mala, los enfrentamientos personales en el campus y sería mentir, ignorar que han sido entre los mismos universitarios. Hemos visto aumentar la rabia de unos y otros y hemos visto la decepción y la ansiedad en la cara de muchos jóvenes que prefieren buscar opciones en otras partes. ¿Sirve esto para defender o fortalecer la educación pública?¿Perder una parte de los estudiantes y algunos de los profesores, cancelar seminarios, profesores visitantes, postergar resultados de investigación, cancelar experimentos, incumplir en trabajos para la comunidad, y lo más grave, sembrar dudas sobre el cumplimiento de la Universidad a la sociedad, a quién le sirve?

Es por eso, Johanna, que hablamos de que este espacio de democracia y pluralismo que es la Universidad Nacional, debe preservarse, debemos preservarlo. Es tan necesario para la nación colombiana, como lo es para la comunidad académica. La mejor manera de hacerlo es abrirle paso a la discusión organizada del disenso y las críticas, pues esta permite superar las sospechas mutuas y sobrepasar la desconfianza entre unos y otros. La discusión organizada puede adquirir la fuerza que todavía no hemos tenido para detener la proliferación de formas de acción violenta que pretenden suplantar la deliberación por la intimidación. Aún podemos mostrar que hay lugar entre nosotros para las prácticas democráticas.

Mayo 22 de 2008


Comunicado Profesores de Derecho

ASAMBLEA DE PROFESORES

DEPARTAMENTO DE DERECHO

UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

La asamblea de profesores del departamento de Derecho de la Universidad Nacional de Colombia, reunida a las 9:00 de la mañana del día 15 de mayo de 2008, luego de una serie de reflexiones en torno a las difíciles circunstancias por las que atraviesa el Departamento y la Universidad, considerando que los temas académicos deben recibir un tratamiento igualmente académico, en el contexto de una Universidad en pleno funcionamiento, que genere los espacios para el análisis y la discusión.

ACORDO:

1. Expresar que resulta imprescindible la participación de todas y cada una de las personas que pertenecen a la Comunidad Universitaria en las discusiones inherentes a la temática materia de divergencias, propósito que no será posible en la medida en que se impida el libre acceso a las instalaciones de la Universidad.

2. Convocar, como cuerpo profesoral, a la reanudación inmediata de todas las actividades académicas con el fin de cumplir de manera adecuada con la programación del semestre y a la vez dar curso al examen objetivo de las distintas normativas que regulan la vida universitaria.

3. Hacer un cordial llamado a todos los docentes de la universidad para que se sumen a esta convocatoria y se manifiesten de manera directa en asambleas profesorales por Departamentos, para despejar cualquier duda con respecto a la genuina posición de los cuerpos docentes de la institución.

Bogotá D.C., 15 de mayo de 2008