Articulo del profesor e investigador de
Por: Mauricio García V.
Oponerse a un gobierno no es lo mismo que sublevarse contra un tirano. Lo primero se llama disenso, lo segundo se llama rebelión. Ambas actitudes se oponen al poder político, pero mientras la primera lo hace en defensa de las instituciones, la segunda lo hace contra ellas, para reemplazarlas. Pero en Colombia la frontera entre ambas actitudes suele ser muy difusa. Una muestra de esto es lo que sucede actualmente en
La reciente parálisis de
La actitud de los estudiantes que bloquean los edificios se parece mucho a la de quienes se rebelan contra un tirano. Como piensan que las directivas son autoritarias —y neoliberales— justifican el uso de la violencia, como lo justifica un pueblo sublevado contra un déspota. Por eso no aceptan los canales institucionales de participación y se inventan unos paralelos.
Si las autoridades de
Para superar esos disensos hay que discutir y si la discusión no conduce a ninguna parte, hay que votar. Cuando los problemas no pueden ser planteados en blanco y negro, cuando los matices son importantes, cuando no estamos en un entorno de amigos contra enemigos —es decir de rebelión popular—, el único mecanismo adecuado para resolver las diferencias es el voto. Los movimientos estudiantiles —sin duda saludables en la vida académica— deberían estar fundados en la voluntad de las mayorías. Es mucho mejor justificar una idea en el hecho de que la mayoría la apoya, que en la afirmación de que el grupo que la apoya tiene la verdad. Por eso creo que en el movimiento estudiantil debería haber menos asambleas y más urnas.
Creo, además, que quienes bloquean e impiden que las reformas salgan adelante no tienen en cuenta la estrategia de los enemigos de la universidad pública. Ella consiste en esperar pacientemente hasta que la degradación de las instituciones estatales —el Seguro Social es sólo un ejemplo— llegue a tal punto que sus argumentos se conviertan en una alternativa aceptable y, entonces, cuando llegue ese momento, dar el zarpazo de la privatización.
Por eso, paradójicamente, los amigos de los bloqueos en las universidades públicas son, a la larga, perfectamente funcionales a los propósitos solapados de los enemigos de la educación pública, ellos sí dispuestos a convertirse en verdaderos tiranos.
* Profesor de
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